El sonríe, suspira, la mira,
reconoce los ojos aguados,
y lame los labios con sabor a sandía.
Ella siente frío de nuca a cintura,
le hunde la mano en el pecho,
y siente el calor de su cuerpo.
El saborea el hueco del cuello.
quiere besarle los senos,
y siente el frio del cuerpo.
Ella susurra pegada a su oído
el viejo canto de las sirenas,
y promete no volver a dejarlo.
El siente torbellino de olas,
el graznido de salvajes gaviotas
y su sangre corre en torrentes.
Ella parte entre nubes de estío,
se sumerge en el mar del olvido.
El se pega con ramas de ruda
queriendo romper el hechizo.
No importa quién es quién,
ni quién se encuentre detrás de la máscara.
Eran dos, eran uno,
y ya no son ninguno.
Alicia Karlsson

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